—No.
—¿Por qué?
—Porque aprendí a valorarme como persona, a darme una oportunidad para vivir a mi manera y no como me tengas que decir tú. Porque después de tanto golpe, de tantas caídas y de todas las heridas que tuve que curarme por mí mismo, espabilé y me di cuenta de que realmente ya nací para ser feliz, no para sufrir. Me temo decirte que sí, que te quería, y mucho. Pero solo eso, te quería. Ya no, ya maduré y empecé a sentir que ya era mi momento, el momento de empezar a quererme a mí misma.
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