martes, 20 de agosto de 2013
Sobreviví.
Perdoné errores casi imperdonables. Intenté sustituir personas insustituibles y olvidar personas inolvidables. Me decepcioné de personas que pensé que nunca me decepcionarían. Sonreí cuando no podía. Hice amigos eternos. Lloré escuchando música y viendo fotos. Llamé solo para oír una voz. Pensé que me moría de tanta tristeza. Tuve miedo de perder a alguien especial. ¡Pero sobreviví! ¡Y todavía sigo viva! Aprendí que a veces el que arriesga no pierde nada, y que perdiendo también se gana.
domingo, 4 de agosto de 2013
Conseguirá volverte tonto.
—Tu que vas de chulo ¿no?
—Sí, esa es mi actitud. Yo entre tonteo y tonteo me enciendo un cigarrillo para desconectar. Porque yo las controlo ¿sabes? Ellas esperan que yo las elija pero lo que no saben es que no, que luego llegará otra tonta que caerá y ellas pasarán a ser segundas opciones. Sí, esa es mi actitud, y me va bien.
—Te irá bien hasta que te enamores. Porque entre tonteo y tonteo llegará el día en el que una tonta consiga volverte tonto. Y entonces esas segundas opciones desaparecerán. Y ella será tu única opción. Y desearás borrarla de tu cabeza, porque con tu actitud, como dices, te va bien. Pero déjame decirte que no lo lograrás, y entonces ella decidirá que pases a ser una segunda opción. Y ya no podrás hacer nada. Te darás cuenta de que has caído en tu propio juego.
—Sí, esa es mi actitud. Yo entre tonteo y tonteo me enciendo un cigarrillo para desconectar. Porque yo las controlo ¿sabes? Ellas esperan que yo las elija pero lo que no saben es que no, que luego llegará otra tonta que caerá y ellas pasarán a ser segundas opciones. Sí, esa es mi actitud, y me va bien.
—Te irá bien hasta que te enamores. Porque entre tonteo y tonteo llegará el día en el que una tonta consiga volverte tonto. Y entonces esas segundas opciones desaparecerán. Y ella será tu única opción. Y desearás borrarla de tu cabeza, porque con tu actitud, como dices, te va bien. Pero déjame decirte que no lo lograrás, y entonces ella decidirá que pases a ser una segunda opción. Y ya no podrás hacer nada. Te darás cuenta de que has caído en tu propio juego.
¿Me quieres?
—¿Me quieres?
—No.
—¿Por qué?
—Porque aprendí a valorarme como persona, a darme una oportunidad para vivir a mi manera y no como me tengas que decir tú. Porque después de tanto golpe, de tantas caídas y de todas las heridas que tuve que curarme por mí mismo, espabilé y me di cuenta de que realmente ya nací para ser feliz, no para sufrir. Me temo decirte que sí, que te quería, y mucho. Pero solo eso, te quería. Ya no, ya maduré y empecé a sentir que ya era mi momento, el momento de empezar a quererme a mí misma.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)